Colaboración: El accidente del Challenger

9 Feb

Aquí os traemos un fabuloso texto que nos ha enviado el oyente Raúl Finker, relacionado con la Carrera Espacial (es un momento estupendo para volver a oír ese programa, ¿verdad?

No dejéis de leerlo, porque la calidad del mismo es extraordinaria. Sin más, os dejamos con El Accidente del Challenger.

El accidente del Challenger fue uno de los sucesos más importantes en la industria espacial, nos recordó lo peligroso que es ir al espacio y que por muchos vuelos espaciales que ya se hubieran hecho, eso no quita que en algún momento, un accidente ocurra. Al mismo tiempo, el accidente sacó a la luz que en la NASA, no eran los ingenieros o los técnicos los que decidían si se debía lanzar el vehiculo espacial, son los gestores, cargos que eran, en muchos casos, lameculos que seguían las ordenes de Washington sin rechistar.

Antes de todo, tenemos que hablar de qué es el trasbordador espacial:

Durante el programa Apollo, se empezó a discutir el futuro de la presencia americana en el espacio. Hasta ese momento, los únicos vehículos espaciales eran de usar y tirar, un vuelo y nada más. Este sistema era en opinión de muchos, demasiado caro. La solución, un sistema reutilizable, que se pudiera aprovechar una y otra vez y que se amortizara por si solo.

Aunque a Nixon no le gustaba la idea, hacía poco que había eliminado varias misiones a la luna, uno de sus consejeros le dijo que con esa nave reutilizable, no sólo podrían poner satélites en órbita, sino que, de paso, se podrían traer a la tierra satélites espías soviéticos sin que nadie les dijera nada. Al final Nixon accedió, y durante una de las caminatas espaciales del Apollo XVI se le comunicó a la NASA que los fondos para la lanzadera espacial habían sido autorizados.

El Apolo XVI en la superficie lunar

La idea era que a finales de los 70, la lanzadera Columbia hiciera su primer vuelo, pero retrasos de diseño y construcción hicieron que el primer vuelo fuera el 12 de Abril de 1981, hace 30 años. El diseño final era simple, el trasbordador contaría con varios motores de combustible líquido, O2 y H2, que se usarían en el ascenso para controlar la velocidad y dirección del vehículo. Para proporcionar la potencia necesaria para escapar de la gravedad terrestre se usarían 2 cohetes de combustible sólido, permanganato de amonio, que una vez encendidos no se apagarían hasta consumir todo el combustible. Estos eran unos cohetes de los que no se tenía control alguno una vez encendidos. Todo el conjunto estaría unido al tanque de combustible líquido que almacena el O2 y el H2 que usarían los motores principales de la lanzadera.

Tras varios vuelos de pruebas hechos por el Columbia, de la STS-1 a la STS-4, se iniciaron las misiones comerciales, poner satélites en órbita, realizar experimentos científicos… El problema surge en que tras la euforia inicial, la realidad aflora. La lanzadera, que debía ser como un camión que transportara personas y equipos al espacio de forma rápida y económica, resulto ser un coche de formula 1, tras cada viaje había que revisarla, repararla… Vamos, que el vehículo espacial que debía financiarse él solo costaba entre 500000 y 1000000 de dólares del contribuyente americano cada vuelo. Después de cada vuelo, había que desmontar los motores principales, había que comprobar cada una de las más de 30.000 losetas térmicas, había que subsanar cualquier arañazo que tuvieran las ventanas de las lanzaderas, aunque fueran más finos que un cabello humano… Vamos, que había trabajo para rato.

Laika, la verdadera protagonista de la carrera espacial para los miembros de este podcast

El público se aburría, los políticos hacían campaña contra los gastos de la NASA en un vehículo que no cumplía con las expectativas originales, entre otros factores. Por todo esto y más, el presidente Reagan decidió crear un programa que reconciliara al trasbordador con el público, enviar a un civil sin preparación técnica al espacio para demostrar que cualquiera podía ser astronauta con el trasbordador, los elegidos, los profesores de escuela. Y este es el germen del accidente, las ansias de que la maestra elegida, Christa McAuliffe, llegara al espacio desencadenaron una serie de fallos que llevarían al desastre.

Hechos previos al accidente

Como se ha comentado, el trasbordador dispone de 2 cohetes de combustible sólido. Estos cohetes se componen de varias secciones que luego se acoplan para crear el cohete que todos vemos en la tele o en la Wikipedia. Para evitar que los gases de combustión escapen por las uniones, cada una de ellas contiene 2 juntas que al dilatarse por el calor, sellan el espacio. El problema surgió con un vuelo de la lanzadera Discovery en 1985, el despegue se hizo con temperaturas bajas, unos 11º C, casi en el límite a las que el contratista que fabricó los propulsores, Morton Thiokol, recomendaba. Las bajas temperaturas hicieron que las juntas se volvieran tan rígidas, que no se expandieron lo suficientemente rápido para sellar las uniones, y dejaron escapar una pequeña cantidad de gases que las dañaron parcialmente, si las juntas se hubieran desgastado menos de 1 mm más, hubiera sido un desastre.

Los técnicos de la empresa al descubrirlo avisaron de que lanzar un cohete por debajo de las temperaturas que habían indicado era un serio peligro, no obstante, dichas temperaturas no se volvieron a dar en Florida, hasta cierto fatídico día.

La tripulación del Challenger

El lanzamiento de la misión STS-51L

El lanzamiento se tuvo que posponer varias veces debido a diferentes problemas, esto hizo que el lanzamiento se realizara en enero de 1986, en vez de a finales de 1985 como estaba planeado. El 27 de enero de 1986, el día anterior al lanzamiento, las temperaturas en el centro Kennedy bajaron por debajo de los 0 ºC. Esto hizo que toda la plataforma de lanzamiento quedara cubierta por hielo. En algunos casos, el espesor del hielo llegaba a los 7,5 cm. Al enterarse de esto, el ingeniero Roger Boisjoly solicito una teleconferencia con los responsables de la NASA para impedir el lanzamiento, sabiendo que el desastre estaba asegurado. En dicha teleconferencia entre los gerentes de la NASA y Morton Thiokol, Boisjoly intentó convencer a sus jefes del desastre que estaba por venir. Al principio, se recomendó que no se lanzara, pero por presiones de la NASA, viendo que era posible que el lanzamiento se retrasara, causando un caos en el calendario de lanzamientos del programa espacial, se presionó a Thiokol para que se pudiera lanzar.

La teleconferencia se paró durante unos minutos, en ese momento y viendo que sus jefes estaban cambiando de idea e iban a dar visto bueno al lanzamiento, Boisjoly, todo cabreado y vociferando, mostró las imágenes del Discovery para que los gerentes se dieran cuenta de lo que iba a ocurrir, en ese momento un gerente de Thiokol le dijo a Boisjoly la mejor frase jamás dicha para solucionar un problema: “Take off your engineering hat and put on your management hat.”, algo así como, “Deje de pensar como un ingeniero y piense como un gerente”, así sí que se solucionan los problemas, ole sus huevos.

Hay que aclarar que, como se ha comentado, un retraso en este lanzamiento hubiera provocado el retraso de otros lanzamientos del programa, lo que suponía pérdida de imagen dado que la lanzadera en aquella época se dedicaba a poner satélites en órbita, de donde se sacaba más pasta. Al mismo tiempo, casi todo el mundo estaba expectante de ver a Christa McAuliffe dando su clase en directo desde el espacio. Tanta expectación había, que el propio presidente Reagan había retrasado el discurso del estado de la unión para que coincidiera con el éxito del lanzamiento y de su plan de poner a un ciudadano común en el espacio. Por tanto, la presión para que se realizara el lanzamiento llegaban desde el mismo tío que te aprobaba los presupuestos, y por tanto, la NASA obedecía sin rechistar.

Desde Cabo Kennedy a la Historia

Al final desde Thiokol se dio el visto bueno, luz verde para el lanzamiento. Esa noche al llegar a casa la mujer de Boisjoly le pregunto si le pasaba algo debido a la cara que traía, su respuesta dejaría triste hasta a un oso amoroso: “No, nada, solo que mañana va a haber un lanzamiento y van a morir los astronautas”, como acojona.

Al final, el lanzamiento se produjo, al encenderse los cohetes de combustible sólido, las cámaras captaron humo saliendo de uno de los cohetes, efectivamente, las juntas se habían quemado. Aunque parezca increíble, el cohete no estallo en ese momento como se esperaba, la escoria producida al quemar el combustible sello la fisura por donde se escapaban los gases, eso provocó que el despegue fuera correcto. No obstante algo pasó para que la fisura se abriera de nuevo. Momentos antes del lanzamiento, un avión que sobrevolaba la zona informó de un viento de más de 300 km/h a gran altura, ese avión tuvo que descender a 9000 m para poder seguir volando. El Challenger al pasar por esa corriente de aire, sufrió un empuje lateral tan brusco que los sensores de la nave se salieron de la escala o simplemente no pudieron medirlo. Eso provocó que la escoria se desprendiera, en ese momento, los gases empezaron a salir por un lateral del propulsor, el desastre estaba servido.

Lo que paso fue que los gases rompieron el tanque de combustible líquido justo donde estaba anclado el cohete propulsor, dejando escapar el hidrógeno líquido. Al desprenderse el propulsor, la parte superior de éste, choco con el tanque de combustible donde se almacenaba el O2. Este al entrar en contacto con el hidrógeno creó una deflagración que destrozó el tanque de combustible y provocó la destrucción del vehículo orbital. Hay que remarcar, que el Challenger no explotó como la gente cree, sino que al romperse el tanque al que estaba sujeto, el vehículo orbital perdió su actitud de vuelo, y las fuertes fuerzas aerodinámicas a las que fue sometido lo destrozaron.

No obstante la cabina con la tripulación apenas sufrió daños, 3 astronautas activaron sus sistemas de aire auxiliares lo que significaba que al menos dichos astronautas estaban vivos. Desgraciadamente sólo sobrevivieron para ver como se dirigían a una muerte segura mientras caían al océano atlántico, una caída de 2 minutos y medio. El impacto fue a unos 300 km/h, las posibilidades de supervivencias eran nulas.

El accidente ocurrió con toda la nación americana delante de la televisión. En la escuela donde Christa daba clase, estaban todos los profesores y alumnos reunidos para verlo en directo. No sólo eso, sino que el propio Boisjoly estaba viendo el lanzamiento, el primer lanzamiento que veía en su vida. Él pensaba que el Challenger explotaría en la torre de lanzamineto, pero cuando lo vio despegar pensó que habían esquivado la bala, tras el alivio inicial, su predicción se hizo realidad. El que tenía que ser el mayor éxito de la NASA, se convirtió en el peor desastre de la historia aeroespacial hasta ese momento.

La explosión del transbordador

Consecuencias del desastre

Tras el accidente, se creó la comisión Rogers para esclarecer lo sucedido, presidida por el ex secretario de estado William P. Rogres. Entre sus miembros estaban Chuck Yeager, Neil Amstrong y Sally Ride, la primera mujer americana en ir al espacio.

En dicha comisión se obtuvieron las conclusiones que se han descrito anteriormente y que además las prisas de los gerentes por realizar un lanzamiento haciendo caso omiso de las advertencias de los ingenieros provocaron el accidente. Debido a este hecho se obligo a la NASA a que en caso de que un técnico no diera luz verde al lanzamiento, éste se paralizaría inmediatamente. El aplicar los cambios en el programa produjo que no hubiera ningún otro vuelo hasta septiembre de 1988, un parón de 2 años y medio.

Irónicamente casi todos los responsables salieron ganando, uno de los responsables de la NASA de dar el visto bueno, Larry Mulloy, fue ascendido. Morton Thiokol, pagó a los familiares de los astronautas 4,6 millones de dólares, pero consiguió un contrato de 1800 millones de dólares para la creación de un propulsor mejor. En el caso de Boisjoly, dimitió de Morton Thiokol debido al ataque de nervios que sufrió, según él, los 2 años siguientes fueron como vivir en el infierno. Ahora se dedica a dar charlas de ética profesional. Desde el accidente, la NASA perdió a sus principales clientes del transbordador, es decir, que apenas volvió a poner satélites en órbita. Solo comentar que entre los clientes perdidos estaba el propio Departamento de Defensa de los EEUU.

No obstante, estas lecciones aprendidas se olvidarían pronto. 17 años más tarde una situación similar produjo la muerte de otros 7 astronautas, en la lanzadera Columbia. En ese caso, los ingenieros solicitaron hacer uso de satélites del departamento de defensa para comprobar un posible daño en las protecciones de carbono de una de las alas de la lanzadera, un procedimiento estándar que se había hecho con anterioridad. Su petición fue denegada y al hacerlo, dieron luz verde a que la lanzadera reentrara en la atmosfera terrestre provocando que se desintegrara por completo. Los mismos errores que provocaron la muerte de los astronautas del Apollo 1, “Gus” Grissom, Edward White II y Roger Chaffee en Enero de 1967; se repitieron en Enero de 1986 matando a los astronautas Francis Scobee, Michael Smith, Ellison Onizuka, Judith Resnik, Ronald McNair, Christa McAuliffe y Gregory Jarvis; y entre Enero y Febrero del 2003 matando a los astronautas Rick Husband, William McCool, David Brown, Kalpana Chawla, Michael Anderson, Laurel Clark e Ilan Ramon, siendo este último el primer y único astronauta israelí de la historia.

Definitivamente, el ser humano es un animal que tropieza mil veces en la misma piedra.

Fuentes:

Documentary 1999 – Inside The Space Shuttle (Youtube)
Seconds From Disaster – Space Shuttle Challenger (Youtube, Canal National Geographic, P2P…

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6 comentarios to “Colaboración: El accidente del Challenger”

  1. recortadito 09/02/2012 a 11:09 pm #

    Es una pena pero los intereses suelen primar a la seguridad

  2. Vic Thor 10/02/2012 a 11:45 am #

    Me encantan estos temas.
    La lanzadera se dejo de usar para poner satélites porque cada vez fue más caro mantenerla y porque cada vez era más barato y óptimo usar un cohete.
    Sin embargo algunas partes de la iss o el hubble y sus reparaciones no habrían sido posibles sin la lanzadera.

  3. Vic Thor 10/02/2012 a 9:09 pm #

    Acabo de volver a ver el documental “Seconds From Disaster – Space Shuttle Challenger” en youtube. Lo recomiendo altamente.

    Lo mejor del documental, que resume el caso completamente es la frase esa del quitate el gorro de ingeniero.

  4. kveld (@3000cuervos) 11/02/2012 a 6:41 pm #

    interesante y dramático a la vez… sobre el mismo tema recomiendo además un artículo del blog Eureka, para mí el blog en español de referencia en temas de astronáutica:

    http://danielmarin.blogspot.com/2012/01/los-ultimos-momentos-del-challenger.html

    un saludo

  5. Festaes 13/02/2012 a 12:27 pm #

    Durante toda la carrera espacial, el sacrificio humano era y es asumido por los mismos astronautas en beneficio del concepto romantico de la aventura que supone dicho viaje. Ahora bien, que terceros mediante el engaño ( como siempre ) y por intereses bastardos decidan. Te lleva a pensar, si no se acordaron del “éxito” de marketing que supuso la gesta del Apolo XIII.
    Como les gusta la ceremonia de entregar banderas plegadas a estos Yankis.

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